Al mundo no le interesa mi abuela

De todo un poco y de nada un mucho.

miércoles, 3 de febrero de 2010

"La tristeza es lo fácil, es rendirse, yo prefiero bailar", frase de la película Elizabethtown


El día se despertó y en su afán de no hacerlo sólo, llamó a mi ventana y me desperté con él. Hoy, es una de esas mañanas en las que no te apetece abrir la ventana para ver cuánto distas del suelo e intentar calcular el dolor que produciría si saltases desde el quicio de la ventana. La abres, pero para sentarte en la mesa que está justo delante de la ventana, doblar las rodillas en posición yoga, respirar el aire relindo que la primera hora de la mañana mantiene aún sin contaminar; cierras los ojos, miras detenidamente el alma, le tomas pulsaciones, te contesta cómo le va, qué necesita, mientras te habla tomas notas, para después pegarlas al tablón y comenzar a hacer los recados del alma; abres los ojos y miras al frente, y a los lados lo que te permite el marco de la ventana, un cielo azulado, con trazos de azul noctámbulo, y algunos salpicones de un azul más iluminado, el eterno rosa del amanecer y del atardecer, uno menos anaranjado que otro, pero rosa rosado, entonces continúas tomando notas sobre lo que necesitan los pulmones, el corazón y el cerebelo, no son antojadizos, son buenos maestros del sentir y del proceder; abres los oídos, y rápidamente los cierro, qué horror, ruidos de motores, bocinas de impacientes, bostezos de vagos, taladros de obras (planE-stúpidos-)..., me levanto un momento, abro el estuche de la música y ahí está el CD que esta mañana necesitaba, BSO de Elizabethtown, un ruido mata a otro ruido, y si el ruido asesino lo forman notas musicales, no sólo lo mata, sino que además lo descuartiza, lo incinera, lo entierra, como dice (¿o dijo?, no sé, a mi siempre me gustó hablar en presente con los muertos) Nietsche, “sin música la vida sería un error”.
No (o Sí, Sí, evidentemente) recomiendo este álbum para desplazaros en coche, cuando este disco suena en un automóvil en marcha aténganse a las consecuencias, no va a parar donde ustedes creen que deben parar, el auto avanzará por carreteras que ni sabían que existían, un no parar, además, la ventanilla compinchada con la música se bajará, y tu brazo izquierdo compinchado con la música y la ventanilla saldrá del habitáculo motorizado para comenzar a hacer las famosas olas en el viento, además tus labios, que efectivamente, también están compinchados con la música, con la ventanilla y con tu brazo izquierdo se ondularán de manera que las comisuras de los labios se situarán por encima del grueso de tu labio inferior y superior, formando el arco de la felicidad, una felicidad boba que te llevará a creer incluso que el coche avanza en el espacio sin que los neumáticos toquen el suelo. El coche se parará, el CD acabará, y seguramente estés o en lo alto de una montaña, mirando un infinito espacio verde; o puede que te encuentres casi mojándote los pies en la orilla de una playa (hasta que no pase el atontamiento no te darás cuenta que tienes que llamar a una grúa para que te saque el coche de las movedizas arenas playeras); o te halles en medio de una dehesa rodeado de cochinos o toros bravos, o en medio de una marisma rodeado de yeguas; o te pase como a mi, que tengas la radio en modo repetición, entonces el CD se repetirá y repetirá y repetirá, y no será hasta que empiece a escuchar absorber escandalosamente, como... ¡qué sé yo!, ¡ah, sí!, como si Espinete estuviera con una cañita XXL rebañando los restos de un batido de chocolate, cuando yo miraré el lado del copiloto asegurándome de que Espinete no me acompaña en la travesía, entonces caeré en la cuenta que quien absorbe es el motor del coche, y que el batido de gasoil se ha acabado, entonces, tirada en la carretera, despertaré del viaje sideral, caminaré hacia la gasolinera más cercana para que me den la bolsa con el gasoil suficiente para arrancar y poder repostar, llenando de batido de chocolate petrolífero el depósito sin fondo.

1 comentario:

  1. ¡Qué bonito viaje, Bellota! Me apunto el disco para escucharlo en Spotify (ese gran invento), así que ya te diré a dónde me llevó a mí. Por cierto, me encanta el título de esta entrada, yo pienso lo mismo: no hay que dejarse llevar por la tristeza. Tan real o tan ficticio es el pensamiento negativo como el positivo. Es más fácil caer en el negativo, por eso hay que obligarse a bailar.

    ¡Besote!

    ResponderEliminar