Al mundo no le interesa mi abuela

De todo un poco y de nada un mucho.

martes, 20 de abril de 2010

Mordiscos complacientes

  

  Cuando los dulces melocotones de la huerta supieron que iban a ser devorados por complacientes bocas, lloraron de alegría. 
  Lloraban porque sabían que su destino este año sería diferente al de sus antepasados, ése pasado que consistió en que generaciones y generaciones de melocotones fueran asesinados en su plena juventud, en ese tránsito de la vida que camina de la infancia a la madurez. Sus vidas eran arrebatadas respaldadas por el democrático argumento del libre comercio (pobre libertad, pobre democracia, pobres argumentos), aquel que urgía al genocidio del fruto criado con amor por el campesino para ser devorado por el cliente criado en tierras donde antes, no hace mucho, sus compatriotas campesinos cultivaban con amor frutos donde afortunadamente no urgían los dineros sino el gusto por el buen comer.         
  El campesino lloraba por cada fruto asesinado, le consolaba, cuando tras la recolecta impuesta por el mercado y no por la madre tierra, paseando entre sus árboles, veía algún melocotón salvado del genocidio que con sonrisa sabia le pedía a su amo que le arrancase de la vida que le pesaba y le comiese con mordiscos complacientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario