viernes, 29 de enero de 2010
MATANZA
Imagen izquierda: cochino en sierra de Huelva. Imagen derecha: fábrica de cochinos.
Marcho al hogar porque se celebra el acto anual de la matanza. Sí, efectivamente, consiste en que un ser vivo muere, es matado, abierto en canal, despedazado, sus diferentes partes son troceadas, hechas filetes, otras con especias se convierten en chacinas varias (dícese chorizos, salchichones, cañas de lomo, morcones...), otras marchan a secaderos en pueblos de la sierra (jamones y paletillas), etcétera. El día de la matanza se hace la cacholá, en un perol gigante, para todos los asistentes. Me encanta el acto en si, tanto por lo que supone de ritual como de acontecimiento social, es un día de reflexión, son muchas las acciones que golpean el corazón. Por ejemplo, la mirada de mi padre, a primera hora de la mañana, lo siento nervioso, casi con expresión de susto, aquellos animales que día a día ha alimentado, cuyas estancias ha limpiado, que ha contemplado tantas tardes desde el poyete de las cochinera, diferenciando a unos y a otros por el más juguetón, el más tranquilo, la más comilona, ese día dejarán de existir, dejarán de ser animal para convertirse en carne. Él no mata, no quiere matarlo, lo hace el matarife, por suerte es un buen matarife, todo es exactitud, buen hacer, limpieza. El día de la matanza todas las personas tenemos una tarea. Hay que decir que por regla general hay dos pases en tamaño acontecimiento, a primera hora de la mañana estamos en el campo todos aquellos que vamos a participar en la matanza, al medio día se produce el segundo pase cuando comienzan a llegar las personas que tienen hambre, jeje. Alrededor de un barreño con agua hirviendo, normalmente las mujeres más mayores, limpian las tripas que serán el envoltorio de la chacina. Encima de algún mueble puedes observar el colorido de las especias que aliñarán la carne, las proporciones y el tipo de especia definirán las diferentes chacinas. El año pasado grabe todo el proceso, pero no recomiendo verlo por una pantalla, para realmente conocer qué es una matanza hay que conocerlo en vivo.
Como han podido comprobar no soy vegetariana, bueno soy vegetariana, carnívora, frugívora, herbívora... omnívora. Me gusta saber qué como, me gusta comer aquello que ha sido cultivado o criado por mi familia, ¡madre mía!, ¿han visto el color de una gallina de corral? del blanco lejía que tiene los pollos del supermercado no tiene nada, es de color marroncito y sabe mmm, mojen la yema de un huevo de una gallina de corral y la de un huevo de una gallina de fábrica, prueben una lechuga de huerta y las iceberg del super, viertan en su ensalada aceite de oliva virgen extra o aguachirri (aceite de girasol o de las garrafas de cinco litros impersonales del supermercado), un lomo de cochino blanco o un lomo de cochino ibérico, el rojo de los tomates del campero o el rojo de los tomates de la agricultura intensiva, la fresa recién cogida de la lucha o la fresa que pasaron cinco días desde que se cogió hasta que te la metes en la boca. Peligro, los paladares se atrofian.
Me gusta conocer mi alimentación. Me gusta el acto de alimentarme. Una mesa, una silla, un plato, unos cubiertos, una televisión apagada, los cinco sentidos puestos en el acto de llenar el depósito para seguir funcionando, valorando el hecho de que por "cuestiones del azar" una posible causa de muerte tuya no sea la de inanición.
Alimentar SÍ, comer NO.
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