miércoles, 17 de marzo de 2010
MANOS
Imagen de Leticia Ceballos
Han sido muchas las manos que han sembrado y han recogido.
Tantas ocupadas por extraer alimento de la madre tierra.
Manos convertidas en lija por el duro trabajo.
Un trabajo que dignificaba el alma humana.
Levantarse con el despertador solar y acostarse con la nana que cantaba la luna.
La vida no suponía una violencia sino un día a día.
Al levantarte desayunabas con la leche recién ordeñada de la vaca,
no hacía falta microondas pues el calor de las ubres era más que suficiente,
las tostadas del pan que horneabas cada semana esperaban a ser ligeramente tostadas en la lumbre,
y la mantequilla, de los cerdos criados con amor para conseguir finalmente alimento.
Empieza el día y los pies caminan con el fin de conseguir un producto
que le permita sobrevivir humildemente,
luchar por un producto de calidad,
que éste sea valorado
y con el reconocimiento al trabajo
llevar una vida digna.
No te levantas con pitidos eléctricos.
No alcanzas el monedero antes de desayunar para comprar el pan, la mantequilla y la leche.
No luchas por un producto sino por que se valore el mínimo esfuerzo de tu trabajo,
no vendes un producto sino que te vendes tu mismo.
No mantienes una relación con el sol
y tus oídos taponaron las nanas de la luna.
No contemplas la belleza de la vida
porque te miras con fealdad.
No viajas con la certeza del viaje
sino de un mero trámite de espacio.
No puede ser que creamos en lo inevitable de los hechos
porque son nuestras manos las que esculpen los hechos.
Bien es cierto que quienes manejan a los títeres humanos son expertos,
pero también es cierto que parece gustarnos el convertirnos en expertos títeres.
No me creo nada del mundo de la convención.
En lo que creo es en la humanidad,
en su capacidad de esfuerzo y de amor.
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Pero si todo esfuerzo humano tiende a la convención... es imposible que no sea así. Aún nuestros arranques creativos tienden a la convención. La ardua búsqueda de la innovación en realidad desea la convención. Es como si pensaramos que cada vez que sale el sol se trata de uno nuevo...
ResponderEliminarA ti tambien te amaría Konstantín Dmítrievich Lyovin.