martes, 6 de abril de 2010
EL DERECHO DE SOÑAR, Eduardo Galeano
Vuelvo de no sé dónde, ni sé hacia dónde voy. Mientras tanto... camino.
Una bocanada de aire sincero en manos del grandísimo Galeano.
P.D. Últimamente mi cabeza y mi corazón galopan pero mis falanges se han atrofiado, por lo que seguramente el blog se convierta durante los próximos días en una pequeña biblioteca que intentará organizar mis sentires y engrasar mis falanges. Fuerza y alegría.
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(Aplausos)
ResponderEliminar¡Grande! ¡Hermoso!
Bella, yo soñé que mi abuela tenía dos ruedas y que entonces era una bicicleta. JAJAJAJA
ResponderEliminarAnoche acabé de leer Anna Karenina. Pensé en tí. Te recomiendo leerla. Es tremenda.
Y no me equivoqué cuando te hablé de Lyovin. Ese hombre ama más trabajar en su finca que la vacía vida en Moscú y Petersburgo.
¿Cuándo leeremos un libro juntos? Yo tengo aquí para comenzarlo "El hombre que fue jueves" de G. K. Chesterton.
Aplausos...
ResponderEliminarAbuela... Leer... Trabajar en su finca... ¿Por qué?
En algún momento de la vida leeremos un libro juntos.