Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y prueba que tú siempre has de ganar.
No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, así como la causa de tu futuro será tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo, piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas, sin eliminarlos, morirán.
Aprende a nacer desde el dolor, y a ser más grande que el más grande de los obstáculos, mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida; ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida; nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.
¡Qué bien me viene leer esto hoy! ¡Qué difícil es seguir estos consejos!
ResponderEliminarPor cierto, tú sí que eres una neruda.
ResponderEliminar:P
châpeau... ahora toca hacerlo realidad...
ResponderEliminar"...tomar mi propia decisión es casi la única libertad real que me queda...", canción Sinsentido de Bebe
ResponderEliminarLa vida es más sencilla de lo que parece, opino que la complicación la creamos para calmar nuestra conciencia (argumentando con terceros, terceras personas, terceros lugares, terceros momentos); ¿y el yo?, avanzar hacia el yo que pensamos antes de dormir es el verdadero reto, ¿qué quiero yo? Nos convencemos para lo bueno y para lo malo, nos inventamos argumentos para calmar la conciencia, para ralentizar el latir.
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