Al mundo no le interesa mi abuela

De todo un poco y de nada un mucho.

jueves, 29 de abril de 2010

Un poquito de terapia que me agrio

Tengo el temor de caer en un pesimismo crónico, no desde mi persona, porque habita en mi interior luz respecto al vivir, sino en relación a la vida en general, a lo que me rodea. Creo que es una etapa por la que debo pasar, necesito reflejar de manera clarificadora todo el mal que me rodea, la hipocresía en la que ando inmersa, sufro complejo de libro de reclamaciones, todo lo que me rodea puede ser de otra manera, una manera que sin ningún esfuerzo llevaría a un mundo más justo, más limpio, más inocente, más imaginativo, más cariñoso. Aclarar todo para desde la claridad conseguir bajarme de este mundo.
Voy a quejarme, sí, lo voy a hacer, y desde la quejitis aguditis evolucionar en esta etapa que deseo que acabe porque necesito renovar mis pulmones, mi sangre, mis poros.
Ayer asistí a una charla de Ignacio Sotelo, adoro escuchar palabras sabias, sobre todo cuando proceden de un hablar pausado y conocedor, sobre todo cuando esas palabras son acompañadas por brillo en los ojos. Esta persona me presentó a Aranguren, lo dio a conocer como el último intelectual español. Ayer por la noche, tras una conversación infinita con mi vecina (una señora mayor que habla tropecientos idiomas y que tiene para contar tropecientas batallas), coloqué el flexo en posición dormilona, de manera que descansase mientras alumbraba el habitáculo, no muy conforme con la posición que yo creía la mejor dio un último crujido y noté en la luz de la bombilla que ahora sí que sí se encontraba cómodo; coloqué en un plato unas rodajas de tomate y unas porciones de queso de cabra con su poquito de aceite de oliva de Gibraleón (pueblo de mi padre), unos granos de sal y albahaca, puse la mesa y me senté a alimentarme; tras la cena busqué en el ordenador a Aranguren y voilá, en youtube, el gran periodista Soler Serrano entrevistó a José Luis Aranguren y un alma solidaria lo colgó en internet, una hora escuchando la lucidez protegida por dos arrugas simétricas que iban de las aletillas de la nariz hasta la barbilla, un rostro alargado, unas gafas con patillas suspendidas en la lejanía del descanso de las orejas, un padre que con dolor habló de la muerte de un hijo que era subnormal, mongólico, palabras que ahora, fruto de la sensiblería (estúpida) en la que nos encontramos son innombrables, habló de la democracia como un régimen aburrido, nada creativo e imaginativo, de su disgusto hacia la gente que no se compromete, seguidor de una izquierda cultural, alejado del partidismo político. Belleza.
Entonces pienso en la sociedad fábrica en la que andamos inmersos, en una sociedad de vagos mendigos de salario, en una jerarquización de conocimientos que consiguen anular cualquier vestigio de creatividad colectiva, en una división del trabajo tan especializada que hasta para arreglar un par de zapatos tengo que ir al zapatero del pie izquierdo a llevarle un zapato, y el del pie derecho a otro zapatero, me hace gracia la valorización hacia la población universitaria, no concibo la legalidad en la que andamos inmersos pues oprime mi libertad y me convierte en un electrodoméstico más del S.XXI, siendo las leyes mi libro de instrucciones, ¿y si decido llevarme toda mi vida centrifugando?, ¿estaría estropeada? 
Un poquito de AAAAGGGRRH para vaciarme, que me pesa el pensar.
Fuerza y Alegría.

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