Al mundo no le interesa mi abuela

De todo un poco y de nada un mucho.

miércoles, 28 de abril de 2010

Dolor de muelas

Tengo que rellenar una carilla de letras, evidentemente las letras han de formar palabras, que a la vez formarán frases que deben tener algún significado. Es miércoles, tengo un dolor de muelas bastante curioso, la culpa es de la muela del fondo a la izquierda, la de juicio, que está alborotando toda mi superficie bucal, me acabo de tocar mi moflete izquierdo y está ligeramente hinchado, me toco las dos mejillas y la de la izquierda está como inflada, me duele, no he tomado nada, me gusta el dolor porque cuando desaparece soy consciente del valor de estar bien. Jorge Drexler acompaña estas palabras, su nuevo álbum, “amar la trama más que el desenlace”, pues sí, porque cuando el desenlace acaba nos retorcemos la cabeza recordando lo bello de la trama que ya vivimos, y con las prisas, la ansiedad por descubrir el fin, no disfrutamos del trayecto; a mi me pasa que después de una bella experiencia, desearías que hubiese sido filmada para poder ver la trama, una pantalla grande de cine, si es en un cine de verano mejor, yo sóla mirando la pantalla y descubriéndome protagonista de la historia. Entra el sol por la ventana, los pájaros pasan de un lado a otro piando, cantándome que la primavera ya llegó, faltan cinco minutos para que la puñetera fuente de la plaza arranque, es horrible la prostitución de la naturaleza, las fuentes han de estar en lugares alejados de las residencias, en parques, en zonas alejadas, para acercarte a ellas, escuchar el agua caer, porque tú lo decides pero no puede ser que medio día me lleve escuchando caer un agua falsa, que supongo que está genial para el que viene a tomarse la cerveza en la plaza, pero no es agradable ese ronroneo, además, a veces cuando echo alguna cabezadita y en el despertar escucho el agua, pienso, qué bueno, estoy en la playa, pero al abrir los ojos me enfrentó a la realidad de estos metros cuadrados que me acogen pero no terminan de abrigarme. Otro ejemplo de prostitución de la naturaleza es la de la nieve en pueblos como el mío, donde por situación geográfica es muy difícil que nieve, pero se empeñan en prostituir la naturaleza, por lo que una generación de niños en mi pueblo, crecerán recordando la primera vez que vieron “la nieve”, lavavajillas concentrado con agua expulsado por un gran cañón en la plaza principal del pueblo. Tengo los hombros quemados por el sol, ¡tremenda sensación!, llevan mis pies unos días conociendo el parque nacional de Sierra Nevada, ayer estuve seis horas andando por la madre naturaleza en su máximo esplendor; buscas una piedra que sobresalga ligeramente de la montaña, para sentarte con las piernas entrecruzadas, la espalda erguida, y los ojos proyectados al frente, al espectáculo de la naturaleza, pero éstos realmente están volcados hacia dentro, proyectándose en el habitáculo izquierdo que hay a la altura del pecho, la música de fondo es la de mi respiración, emoción. Perdonen a las personas que tengo cartas pendientes, pero estoy tan absorta en mis cavilaciones que no recuerdo, que se me va la cabeza, que olvido todo pero recuerdo todo, entonces es como si en mi cabeza hubiera atada una cuerda que arrastra un carrito, como el carrito de Daniel el travieso, pero el triciclo es mi cabeza. No es una excusa, me encantaría resolver las pequeñas cosas pero no estoy aquí, últimamente no estoy. Estaba pensando en como la gente entra y sale de la vida, como la gente entra y sale de la rutina de diferente manera a como lo hacen del corazón. Dicen que la amistad no necesita de frecuencia, que el amor sí, opino que es cierto. Cuando la amistad ha sido firmada con una mirada sincera, lo demás... “que sea lo que tenga que ser”. Hace tiempo que no bailo, del verbo bailar, no sevillanas, que ésas están más frescas, me refiero al baile de ojos cerrados, a veces las manos levantadas, y el cuerpo agitándose levemente de una lado a otro, ese baile de articulaciones poseídas por la musicalidad de la vida. Hace algún tiempo que no disfruto de la naturalidad de la vida, de ese dejarse llevar que deja una sonrisa al despertar el siguiente día. Quiero que me peguen una paliza, sí, que me den patadas, que me den tortas, que me tiren del pelo, que me empujen. Deseos de ser existencia. Bendecir el día a día con el ocaso en la nuca, soporta los atardeceres de la compañía que no aparece. Pasa por delante el tiempo con aires de superioridad, aborrezco el tiempo que me mira desde alturas. Sólo tengo nada, y la nada se  me escurre entre mis dedos temerosos de soportar vida. Hay música que de vez en cuando, despierta latires rutinarios de pum pum. Hay silencios que acuestan a veces, los miedos más fúnebres que intento evadir. Las sonrisas las busco con el dolor de la belleza expuesta ante mis ojos. El sentido de la vida se me escapa, sin querer, y queriendo también. Cómo no amar lo que fue, aunque me convenza inútilmente por lo que no sería. Hay momentos de para siempre, pero casi prefiero la sucesión infinita de ahoras. Ahora y en el ahora del ser que no termina, con puntos finales sino con puntos suspensivos. Hay algún blanco y algún negro que me agita, pero son la infinidad de grises los que anclan mis rodillas. Rodillas que sangran por el roce de la tierra en mi ser ansioso de vida, que gotea sangre con dubitativos. Dudar por ejemplo de los deseos de ser existencia: sentir, sentir que me tocan, sentir que me observan, sentir que me besan, sentir que me abofetean, sentir que me abrazan, sentir que me patalean, sentir que me acarician, sentir que sangro, sentir que me susurran al oído, sentir que me arañan, sentir que me cantan, sentir que me gritan, sentir que me acompañan, sentir que me apedrean, sentir el silencio compartido, sentir que me queman, sentir el estómago vacío, sentir el sudor por todo el cuerpo, sentir sed, sentir que muero, sentir que sobrevivo, sentir que siento. 

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